JOSÉ MARÍA PY Y RAMÍREZ DE CARTAGENA, fundador de las Hogueras de Alicante y artista fallero

 

Corría el año 1917 en la ciudad de Valencia. A principios del año, las comisiones falleras que tenían intención de plantar falla comenzaron a contactar con los artistas empezaban a moverse tanto para conseguir dinero como para fichar al mejor artista. Hacía poco más de tres décadas que algunas asociaciones privadas habían empezado a premiar a la falla más artística, práctica que copió el Ayuntamiento en 1901, por lo que las comisiones, para conseguir el palet del primer premio y el dinero correspondiente.

 

En el mercado de artistas y artesanos de aquél año podemos encontrar nombres conocidos localmente como los pintores Cayetano Crespo, Enrique Guillot, Andrés Moret, Carlos Perales (ganador en 1916), Amadeo Desfilis (ganador en 1915), Manuel Navarro, Joaquín Igual o Carmelo Roda; escultores como Salvador Rubio o tallistas como Alfredo Duato y Arturo Villalba; y ebanistas como Arturo Biosca y carpinteros como Andrés Fabra o Carlos Cortina (ganador en 1911, 1912 y 1913).

 

Entre ellos, nos llama poderosamente la atención el nombre de José María Py y Ramírez de Cartagena, íntimamente relacionado con la fundación del modelo actual de la fiesta de las Hogueras de San Juan.

Gaditano de nacimiento, José María Py (1880-1932) se traslada en los años a caballo entre dos siglos junto a sus padres a Valencia cuando contaba con 16 años. En esta ciudad va cambiando de residencia, pasando por la calle Congregación y la plaza de Sant Bult. Aquí conoció a la que sería su esposa, Mercedes González, de nacionalidad cubana –motivo por el que fue desheredado del título de Barón de Rosta-, y con quien vivió primero en la calle En Gordo y posteriormente en un piso de la calle Arizo -edificio ya derribado en la actual Romeu de Corbera-.

 

 

En su etapa valenciana obviamente conoció la fiesta de las Fallas, que en estaba en una fase de redefinición desde finales del siglo anterior debido a la introducción de premios a las fallas más artísticas. Este hecho produjo, primero que las comisiones falleras comenzaran a contratar los servicios de artistas para llevarse esos premios, y segundo que se comenzara la división de tareas dentro de la fiesta, dejando a los falleros la organización de los festejos y a los artistas la construcción de la falla.

 

Es así como José María Py, que era pintor profesional, decide probar suerte realizando dos fallas el mismo año de 1917, la de las calles Muñoz Degrain-Pollo y la de la Plaza de Sant Bult, ambas muy cercanas a la casa donde vivía ya casado y con sus hijos. Desconocemos si efectivamente, como se afirma en varias páginas web, perteneció a varias comisiones falleras, ya que de esa época no se conservan los censos falleros.

 

La primera de ellas, la plantada en la calle Muñoz Degrain frente al cruce con la del Pollo (según se indica en la solicitud de plantar falla), tenía por título “La neta del tío Nelo, mecanógrafa”. Era una manera de reflejar el progreso de la sociedad en que las nuevas generaciones descendientes de los labradores, habían abandonado el analfabetismo y estaban uniéndose al progreso. La falla, de composición simple pero bastante innovadora para la época, se componía de una mesa directamente sobre la que había una máquina de mecanografiar y, sentada a su vera, una joven en actitud de pulsar una tecla.

 

 

La segunda falla, plantada en el histórico emplazamiento de la Plaza de Sant Bult, tenía una factura más tradicional ya que, asentada sobre un pedestal, la escena se componía de una vaca que estaba sujeta por los cuernos y por el rabo por dos labradores, cada uno tocado con un gorro diferente, mientras que un tercero (“un singoret”) la ordeñaba. Desconocemos el significado exacto, pero casi con seguridad criticaría a los acaparadores y el enorme beneficio económico que extraerían de alguno de sus turbios negocios.

 

 

Ambas fallas plantadas por Pí y Ramírez de Cartagena en 1917 participaron en la única sección en que se clasificaban entonces, no obteniendo ninguna premio. Quien triunfo ese año en los premios fueron: 1º premio para Amadeo Desfilis en la Plaza del Doctor Collado; 2º premio para Carmelo Roda en Jerusalén-Buenavista; 3º premio para Carlos Perales en Santa Teresa-Pintor Domingo; 4º premio para Arturo Villalba en la Plaza del Guerrillero Romeu-Bolsería; 5º premio para Amadeo Desfilis en la Plaza dels Porchets-Flassaders; y 6º premio para José Monge en Espartero-Padre Jofré. Se entregó una Mención de Honor a Carlos Cortina por la falla que plantó en nombre del Círculo de Bellas Artes en la calle del Mar, y además se repartieron 2 premios de 50 pesetas y 7 más de 25 pesetas.

 

Desconocemos si José María Py realizó más fallas, tanto antes como después, ya que apenas hay documentación que nos permita otorgar la autoría de las mismas a los artistas falleros correspondientes. Pocos años después, en el año 1922 se trasladó a Alicante, ciudad donde su padre ejercía como notario. Allí empezó una nueva etapa de su vida y pudo contar sus vivencias falleras, que le sirvieron para impulsar otra gran fiesta como son las Hogueras de San Juan.

Autor entrada: hablemosdehogueras